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#Opinión: EE. UU.: democracia y geopolítica internacional

 #Opinión: EE. UU.: democracia y geopolítica internacional

POR: JAIRO TORRES OVIEDO*

El pasado 3 de noviembre se realizaron las elecciones para escoger presidente de los Estados Unidos de América; en esta ocasión y a diferencia de lo que sucedió hace cuatro años, las encuestas acertaron, y Joe Biden será el nuevo inquilino de la Casa Blanca durante los próximos 4 años; y con ello, el regreso del Partido Demócrata al poder. Pero, ¿qué significado tiene la victoria demócrata para los estadounidenses y para la geopolítica internacional? Durante generaciones, los norteamericanos han tenido una fe en su constitución; a tal punto, que la han sacralizado bajo la creencia de que Estados Unidos es una nación elegida y guiada de forma providencial; como una especie de Mesías y esperanza para el mundo. Esta confianza en la constitución sigue siendo generalizada en el país del norte. No se puede decir los mismo en la perspectiva global; donde esa idea se ha diluido. Es claro, que ninguna constitución es perfecta, ni completa, y por muy bien diseñada que esté, no puede por sí sola garantizar la democracia. 

La constitución de Estados Unidos fue redactada en Filadelfia en 1787; por sí misma, no ha sostenido la democracia estadounidense durante tanto tiempo. Ha contribuido también, la riqueza del país, una extensa clase media y una sociedad civil fuerte y organizada, una división de poderes independientes y autónomos, sólidas normas democráticas y, sobre todo, las reglas informales que no figuran en la constitución; pero que son conocidas y respetadas, son normas morales ampliamente difundidas y conocidas por el conjunto de la sociedad y que hacen parte de la convivencia y regulación social, que no están escritas; pero se aceptan, respetan y se acatan de manera recíproca y colectiva. Es decir, dos reglas no escritas en una democracia: la tolerancia mutua y la contención institucional. Cuando las normas de la tolerancia mutua se quiebran, resulta difícil sostener la democracia. Contemplar a nuestros adversarios políticos como una amenaza peligrosa, es lo que conduce a emplear y justificar los medios que sean necesarios para derrotarlos; es ahí, donde emergen los autoritarismos que se manifiestan con encarcelamientos a políticos adversarios que son señalados como delincuentes o subversivos y destituir gobiernos que representen una amenaza para la Nación. 

La historia política del siglo XX está plagada de estos quiebres democráticos desde las dictaduras de Franco, Hitler, Mussolini… gobiernos que surgieron en medio de las guerras que vivió Europa; desde esa época hasta Marcos, Castro y Pinochet durante la Guerra Fría; además de estos, se incluyen, Putin, Chávez y Erdogan, que hacen parte del pasado reciente. Todos ellos han etiquetado a sus adversarios de amenaza existencial. Hago referencia a estos antecedentes, para mostrar que la democracia estadounidense desde la redacción de la constitución de Filadelfia ha vivido distintos momentos y épocas que han permitido madurarla y sostenerla como un paradigma de la democracia occidental; pero, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca hace cuatro años, se inició un quiebre en la democracia gringa; representado en los reiterados ataques a sus adversarios políticos, calificó a los medios de comunicación como el enemigo del pueblo americano; deslegitimó la autoridad de los jueces durante estos cuatro años. El presidente Trump ha dado muestras claras de su talante autoritario tratando de consolidar su poder con medidas drásticas, tales como: controlar los poderes encargados de aplicar la ley, atacar a los jueces que dictaron sentencias en su contra. En el debate electoral las propuestas brillaron por su ausencia, donde más bien, el debate se centró en ataques y difamaciones, e incluso, lo impensado, como lo es el socialismo del siglo XXI. La izquierda radical y el Castrochavismo hicieron parte de la narrativa de Trump, con el fin de defender su postulación, atacar y señalar a su adversario. En el ámbito internacional su línea de gobierno se centró en los controles migratorios que han despertado todo un sentimiento xenofóbico y racista dentro y fuera de los Estados Unidos. Donde no se vieron avances importantes con el Medio Oriente, mantuvo equilibradas las relaciones con Rusia, conflictos con China en materia económica que se agudizaron con el Covid-19; donde responsabilizó este de la propagación del virus; de igual modo, desconoció a la OMS y señaló de ser cómplice de China al no haber tomado los controles a tiempo acerca del virus; en esta misma dirección, ridiculizó los acuerdos en materia ambiental y calentamiento global; con la salida del acuerdo de París, desconociendo la importancia de la ciencia en esa materia; cabe señalar que, el manejo de la pandemia en sus país fue un desastre; esto, por desconocer la ciencia. En América Latina sus esfuerzos diplomáticos se centraron en el cerco a Venezuela y la salida de Maduro del poder; esfuerzo con el que no logró su propósito. Las relaciones con Colombia se centraron en más de lo mismo; es decir, la lucha contra las drogas y la estrategia de fumigación con glifosato. Esperemos que la llegada de Biden al poder de la primera potencia mundial, permita retomar el cause de la democracia norte americana y la política internacional, y se puedan retomar temas esenciales y vitales para la humanidad; como lo son: el calentamiento global, las políticas migratorias y las políticas antidrogas. 

*Rector de Unicor

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