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Recuerdos de Robinson Pitalúa, un campeón sin corona

 Recuerdos de Robinson Pitalúa, un campeón sin corona

El boxeador cordobés pintó con letras de oro su nombre en el firmamento del estrellato mundial de boxeo.

Por Gudilfredo Avendaño Méndez

Nacido el 3 de septiembre de 1964, se levantó en las calles polvorientas de la Ciudad de las Golondrinas.

Fue un boxeador colombiano que se abrió paso en el deporte de las narices chatas, pero una extraña muerte el 22 de septiembre de 1985 en Miami acabó con el eterno y recordado campeón sin corona.

Robinson Javier Pitalúa Támara, hizo soñar a toda Colombia con sus poderosos puños que derrotaron contrincantes y besaron la lona rendidos a sus pies como pidiendo clemencia.

En las calles del barrio Los Laureles de Montería creció el ‘pelao’ de tez blanca, buena presencia y con estirpe de ser un profesional académico como lo querían sus padres, pero que contradijo todo proyecto profesional de su familia. Su futuro estaba en el ring.

Sus inicios en el boxeo se dieron cuando apenas tenía 12 años. Zenón, su hermano mayor, tenía un estilo de pelea sorprendente y fue conocido como el “Monzón colombiano”, gracias a su agilidad, pegada y movimientos en el cuadrilátero.

Zenón fue guía de Robinson y también de su hermano José María, quienes anhelaban llegar a la cima del box mundial.

Incitado por sus hermanos, Robinson Pitalúa se inscribió en el Club de Boxeo Las Águilas, dirigido por el experimentado ex boxeador y entrenador Pedro Vanegas Cassiano, aún vigente y forjando nuevos prospectos del boxeo.




Robinson fue entrenado por el ‘Yata’ Durango y Vicente España, que no dudaron de las condiciones de aquel pequeño, pintoso, ‘fiebrítico’ y soñador del boxeo. El mismo que tuvo una corta carrera cargada de éxitos y una extraña tragedia.

Si bien sus hermanos tenían mayor experiencia en las cuerdas, la trágica noticia de la muerte de su hermano Rubén Darío Pitalúa, cambió todo pronóstico familiar.

Ante el féretro y rodeado del resto de sus parientes, Robinson Pitalúa juró ser campeón mundial de boxeo y médico para honrar la memoria de su hermano.

Comenzó entonces una vida alternada entre el gimnasio y los estudios. En 1980 participó en un torneo juvenil en Risaralda, de donde regresó cargado de medallas.

Sus puños empezaron a ser mencionados por entrenadores de otras regiones que destacaban las presentaciones boxísticas del jovencito cordobés, a quien le venía como puerto seguro un campeonato mundial.

Antes de concluir 1980 el púgil monteriano se corona Campeón Nacional Gallo en los Juegos Deportivos Nacionales realizados en la ciudad de Neiva. Allí también fue exaltado como el boxeador más técnico de la competencia.

Los cuatro años siguientes fueron de aprendizaje en el cuadrilátero. Siempre estaba innovando y estudiando a otros boxeadores para perfeccionar sus habilidades.

Comenzó entonces el cumplimiento de la promesa a la memoria de su hermano.

* Medalla de Plata en los Juegos Bolivarianos en 1981

* Puesto Noveno en el Campeonato Mundial de Munich (Alemania)

* Medalla de Oro en Torneo Internacional en Colorado Springs

* Medalla de Oro en el Festival Olímpico de México

* Quinto lugar en Juegos Olímpicos de Los Ángeles

Salto al profesionalismo

El 3 de septiembre de 1984 decide dar el paso que muchos esperaban y salta al profesionalismo del boxeo colombiano.

Dos meses después le pactaron su primer encuentro y peleó de local en el diamante Estadio 18 de junio de Montería.

La afición vibró cuando Pitalúa, con un gancho poderoso de izquierda acabó con la pelea derrotando por nocaut a un pugilista cartagenero.

Robinson demostró de lo que estaba hecho y lo que podía dar en el encordado.

Sin dudarlo un instante, el empresario ‘Tuto’ Zabala lo cobija en su cuerda y lo lleva en el año 1985 a la ciudad de Miami, donde quedó en manos del entrenador argentino Amilkar Brussa, el mismo que llevó a la gloria a Miguel ‘Happy’ Lora.

Mauricio ‘Cocoa’ Guadamuz, fue la primera víctima noqueada por Pitalúa el 23 de agosto de 1985 en su debut ante la afición norteamericana, que observó como en el minuto y medio del segundo asalto, Robinson Pitalúa acabó con el compromiso y de paso con las ilusiones de su contrincante.

El 20 de septiembre de ese mismo año y en seis asaltos derrotó al puertorriqueño Julio César ‘Tarzán’ González. Fue una pelea dura pero que ganó por decisión.

Montería, Córdoba y Colombia festejaban ese importante triunfo, porque lo dejaba ad portas de pelear por un título mundial. Su sueño y promesa ante el féretro de su hermano estaba a punto de hacerse realidad.

Pero el destino cambió el rumbo de la vertiginosa carrera llena de éxitos.

El 22 de septiembre de 1985 y luego de recuperarse de la pelea ante ‘Tarzán’ González, ocurrió la tragedia.

Los comentarios en Miami y Colombia giraban en torno a Pitalúa, pero no por sus exitosas peleas, sino por una extraña muerte que apagó la llama de la felicidad.

Nadie salía del asombro por la noticia y mucho menos por la extraña forma como murió.

El escritor Jaime Castro Núñez, autor del libro “La Canción de Robinson”, plasma la descripción de lo ocurrido.

” Dos días después de su triunfo ante ‘Tarzán’ González, decidió irse a pescar con un amigo a un lago artificial ubicado en la parte trasera del apartamento donde vivía. Se embarcaron en un botecito de hule y, a unos 25 metros de la orilla Robinson se lanzó a nadar”.

“Fue la última vez que lo vieron con vida. Al día siguiente, buzos de Miami lo rescataron del fondo del lago”, precisa el texto.

Quienes asistieron al recibimiento del cadáver en el aeropuerto Los Garzones de Montería, precisan que no menos de 5 mil personas asistieron para esperarlo como el gran campeón, que, aunque sin cinturón, logró conquistar los corazones de todo un país que desbordó en lágrimas por su partida.

Su nombre sigue vigente en la memoria de los monterianos. Un barrio y una institución educativa llevan su nombre como muestra del legado deportivo que dejaron sus puños.

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